Lucas nos habla hoy de ser discípulos, seguidores de Jesús, de cargar la cruz y seguirlo.

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SEPTIEMBRE
Domingo
23º Ordinario
San Bonifacio I, papa


Sab 9,13-19: ¿Quién es el hombre que puede conocer los designios de Dios?

¿Quién es el hombre que puede conocer los designios de Dios? ¿Quién es el que puede saber lo que el Señor tiene dispuesto? Los pensamientos de los mortales son inseguros y sus razonamientos pueden equivocarse, porque un cuerpo corruptible hace pesada el alma y el barro de que estamos hechos entorpece el entendimiento. Con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra y a duras penas encontramos lo que está a nuestro alcance. ¿Quién podrá descubrir lo que hay en el cielo? ¿Quién conocerá tus designios, si tú no le das la sabiduría, enviando tu santo espíritu desde lo alto? Sólo con esa sabiduría lograron los hombres enderezar sus caminos y conocer lo que te agrada. Sólo con esa sabiduría se salvaron, Señor, los que te agradaron desde el principio.


Sal 89: Tú eres, Señor, nuestro refugio.

Tú haces volver al polvo a los humanos, diciendo a los mortales que retornen. Mil años para ti son como un día que ya pasó; como una breve noche. R/.

Nuestra vida es tan breve como un sueño; semejante a la hierba, que despunta y florece en la mañana y por la tarde se marchita y se seca. R/.

Enséñanos a ver lo que es la vida y seremos sensatos. ¿Hasta cuándo, Señor, vas a tener compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo? R/.

Llénanos de tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda. Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos, puedan mirar tus obras y tu gloria. R/.


Fil 9b-10.12-17: Recíbelo, no como esclavo, sino como hermano amadísimo.

Querido hermano: Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero por la causa de Cristo Jesús, quiero pedirte algo en favor de Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado para Cristo aquí, en la cárcel. Te lo envío. Recíbelo como a mí mismo. Yo hubiera querido retenerlo conmigo, para que en tu lugar me atendiera, mientras estoy preso por la causa del Evangelio. Pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que el favor que me haces no sea como por obligación, sino por tu propia voluntad. Tal vez él fue apartado de ti por un breve tiempo, a fin de que lo recuperaras para siempre, pero ya no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo. Él ya lo es para mí. ¡Cuanto más habrá de serlo para ti, no sólo por su calidad de hombre, sino de hermano en Cristo! Por tanto, si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo.


Lc 14, 25-33: El que no renuncie a todos sus bienes no puede ser mi discípulo.

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: "Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: 'Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar'. ¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a consi¬derar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo".


Comentarios

Lucas nos habla hoy de ser discípulos, seguidores de Jesús, de cargar la cruz y seguirlo. Acompañar a Jesús es compartir y enseñar su amor, cuando se vive en el amor en Cristo Jesús la carga se hace más ligera y Lucas nos propone, dos parábolas que hablan por un lado de la constancia, como el que construye la torre, calcular y poder cumplir lo que se proponga para no quedarnos a la mitad. Hay que saber que se quiere y a dónde se quiere llegar, lo que nos motiva, los principios y convicciones que nos mueven, ser constantes en lo que hagamos. Y si se hace necesario se puede rectificar para poder terminar lo que comenzamos.

Lucas también utiliza la parábola del rey que va a la guerra y estudia todas las condiciones para no ser derrotado. Al igual que el rey hay que conocer y aceptar lo que somos con lo que contamos en la vida, sin falsas humildades y sin equivocada autoestima. Ser audaces, no dudar ni temer lo que se emprenda, medir nuestras fuerzas.

Hoy habiendo tanta violencia, se hace necesario el acompañar al que es violentado o violentada, alzar la voz por el que no puede, acompañar a esa madre que busca a su hija, aun cuando el panorama sea desolador, el acompañar a nuestras hermanas y hermanos en su dolor puede ser un bálsamo.

¿Estamos preparados para seguir cargando nuestra cruz? ¿Acompañamos al que lo necesita?

Preparémonos con lo necesario para poder estar ahí para el que lo necesita.

Maricarmen Moctezuma Margain

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