La Resurrección de Jesús no es algo que se pueda mostrar objetivamente, como quería Tomás.

24

ABRIL
Domingo
2º DE PASCUA
Benito Menni, fundador (1914)
Fidel de Sigmaringa (1622)


Hechos 5,12-16: Crecía el número de los creyentes

Los apóstoles realizaban muchas señales y milagros entre el pueblo. Todos íntimamente unidos acudían al pórtico de Salomón; pero de los extraños nadie se atrevía a juntarse con ellos. Aunque el pueblo los estimaba mucho. Se les iba agregando un número creciente de creyentes en el Señor, hombres y mujeres; y hasta sacaban los enfermos a la calle y los colocaban en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, al menos su sombra los cubriese. También los vecinos de los alrededores de Jerusalén llevaban enfermos y poseídos de espíritus inmundos, y todos se sanaban.

 

Salmo 118: Den gracias al Señor porque es eterna su misericordia

 


Apocalipsis 1,9-13.17-19: Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos

Revelación que Dios confió a Jesucristo para que mostrase a sus siervos lo que va a suceder pronto. Él envió a su ángel para transmitírsela a su siervo Juan. Yo Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las pruebas, el Reino y la paciencia por Jesús, me encontraba exiliado en la isla de Patmos a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Un domingo, se apoderó de mí el Espíritu y escuché detrás de mí una voz potente, como de trompeta, que decía: «Lo que ves escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias. Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y al volverme vi siete lámparas de oro y en medio de las lámparas una figura humana, vestida de larga túnica, el pecho ceñido de un cinturón de oro. Al ver esto, caí a sus pies como muerto; pero él, poniéndome encima la mano derecha, me dijo: «No temas. Yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto y ahora ves que estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y el abismo. Escribe lo que viste: lo de ahora y lo que sucederá después».

 

Juan 20,19-31: A los ocho días, llegó Jesús

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dijo: «La paz esté con ustedes». Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: «La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos. Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Él replicó: «Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré». A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: «La paz esté con ustedes». Después dijo a Tomás: «Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Le contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío». Le dijo Jesús: «Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto». Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro. Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.

 

Comentarios

La Resurrección de Jesús no es algo que se pueda mostrar objetivamente, como quería Tomás. De hecho, la mejor prueba es la fe de los discípulos: amedrentados frente a la cruz, pero transformados a partir de la Resurrección de Jesús. La fe pascual gesta la vida comunitaria y comprometida de los creyentes. No es posible creer en la Resurrección sin hacer parte de la comunidad; los gestos fraternos (hombres) y sororos (mujeres) serán la prueba de nuevas relaciones solidarias que buscan transformar no sólo la vida de la Iglesia, sino del mundo. Lo testimonia Tomás: a la primera aparición de Jesús Resucitado, quien no estaba en la comunidad discipular pretende ver con sus ojos, tocar con sus manos. O sea: el antes de Tomás, cuando su fe dependía de una persona, de un cuerpo físico, del ver, tocar, escuchar. «Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto», le dice Jesús en la segunda aparición.

La Resurrección no depende de elementos físicos, porque exige otra mirada, otro tacto, otro nivel de relación. Y se traduce en una trasformación profunda que genera relaciones nuevas de comunidad. El cristiano, por su fe, tiene otra visión de la realidad, logra ver y distinguir cosas que los demás no consiguen y eso le da una capacidad diversa de interpretar la vida y los acontecimientos históricos. Se trata de una mirada no individual, sino comunitaria: este es el segundo aspecto que surge de la Resurrección de Jesús. Ver juntos, discernir, para pensar y actuar juntos. De esta forma, la vida de comunidad es la prueba más fehaciente de que Jesús está vivo. Y es una comunidad de personas transformadas y transformadoras: desde la comunión de bienes van resolviendo el grave problema de la injusticia social; llenos de vitalidad, son capaces de curar a los enfermos; por sus convicciones y su fe, son capaces de expulsar a los espíritus malos, devolviendo a las personas la libertad y el dominio sobre sí. La fuerza sanadora y dignificadora de esta primera comunidad atrae a quienes buscan sentido y plenitud a sus vidas.

Hoy, muchos afirman creer en Dios, pero no creen en la comunidad. No entienden que es imposible la fe en el Resucitado sin una comunidad. Corren el peligro de transformar a Jesús en un "fetiche" (ídolo) mágico, al cual recurren toda vez que tienen un problema. Vivir en comunidad significa tener "un solo corazón y un solo espíritu": ¿A qué te invita la fe pascual? ¡Ora por quienes dudan y temen!

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