El mandato misionero surge del Padre que envía a su Hijo y Él envía a su vez al Espíritu.

23

ABRIL
Sábado
En octava de Pascua

Jorge (303)


Hch 4,13-21: No podemos callar lo que hemos visto

En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y escribas estaban sorprendidos al ver la seguridad de Pedro y Juan y notando que eran hombres simples y sin instrucción, se admiraban; también sabían que habían sido compañeros de Jesús pero, viendo junto a ellos al hombre que había sido sanado, se quedaron sin réplica. Ordenaron entonces que salieran del tribunal y se pusieron a deliberar: «¿Qué hacemos con estos hombres? Han hecho un milagro evidente, todos los vecinos de Jerusalén lo saben y no podemos negarlo. Pero, para que no se siga divulgando entre el pueblo, los amenazaremos para que no vuelvan a mencionar ese nombre a nadie». Los llamaron y les prohibieron terminantemente hablar y enseñar en nombre de Jesús. Pedro y Juan les replicaron: «¿Juzguen ustedes si es correcto a los ojos de Dios que les obedezcamos a ustedes antes que a él? Júzguenlo. Nosotros, no podemos callar lo que hemos visto y oído». Repitiendo sus amenazas, los dejaron en libertad, ya que no encontraban la manera de castigarlos, por temor al pueblo, que daba gloria a Dios por lo sucedido. El hombre beneficiado con la señal de la sanación tenía más de cuarenta años.

 

Sal 118: Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste

 

Mc 16,9-15: Proclamen la Buena Noticia

El primer día de la semana por la mañana resucitó Jesús y se apareció a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ella fue a contárselo a los suyos, que estaban llorando y haciendo duelo. Ellos, al oír que estaba vivo y se le había aparecido, no le creyeron. Después se apareció con otro aspecto a dos de ellos que iban paseando por el campo. Ellos fueron a contárselo a los demás, pero tampoco a ellos les creyeron. Por último se apareció a los Once cuando estaban a la mesa. Les reprendió su incredulidad y obstinación por no haber creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad».

 

Comentarios

El mandato misionero surge del Padre que envía a su Hijo y Él envía a su vez al Espíritu. Luego los apóstoles enviados por Jesús con la fuerza del "Espíritu" realizan y concretan la experiencia del Reino. La fuerza no está tanto en el milagro de Pedro y Juan, cuanto en la pasión de anunciar «lo que han visto y oído». Esta fuerza de la comunión y organización causa pavor y miedo a las autoridades judías. Esta misma fuerza es la que está llamada a vivir la Iglesia, donde los pobres y sencillos son protagonistas y dinamizadores de palabras, gestos y acciones que hacen al Reino transformar la realidad. Comunidades proféticas que dan testimonio y no callan, siguiendo el ejemplo de sus mártires. "Podrán matar al profeta, pero su voz de justicia no, y le impondrán el silencio, pero la historia no callará", cantamos con San Romero de América. ¿Cómo está nuestra pasión e ilusión de atestiguar que la vida triunfa por encima de la muerte y la desesperanza?

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