Jesús es el centro de nuestra fe y Pedro nos lo recuerda. La centralidad de la vida cristiana se encuentra en Jesús, y éste...

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ABRIL
Jueves
En octava de Pascua
Anselmo (1109)


Hch 3,11-26: Dios lo resucitó de entre los muertos

En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, toda la gente corrió asombrada hacia ellos al pórtico de Salomón. Pedro, al verlos, les dirigió la palabra: «Israelitas, ¿por qué se asombran y se quedan así, mirándonos como si hubiéramos hecho caminar a éste con nuestro propio poder o santidad? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Siervo Jesús, al que entregaron y rechazaron ante Pilato, que había sentenciado ponerlo en libertad. Ustedes rechazaron al santo e inocente, y pidieron como una gracia la libertad de un homicida mientras dieron muerte al Señor de la vida. Dios lo ha resucitado de la muerte y nosotros somos testigos de ello...».

 

Sal 8: Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

 

Lc 24,35-48: El Mesías resucitará al tercer día

Los dos discípulos de Emaús contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma. Pero él les dijo: «¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean, un fantasma no tiene carne y hueso, como ven que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Era tal el gozo y el asombro que no acababan de creer. Entonces les dijo: «¿Tienen aquí algo de comer?». Le ofrecieron un trozo de pescado asado. Lo tomo y lo comió en su presencia. Después les dijo: «Esto es lo que les decía cuando todavía estaba con ustedes: que tenía que cumplirse en mí todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos». Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura. Y añadió: «Así está escrito: que el Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día; que en su nombre se predicaría penitencia y perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén. Ustedes son testigos de todo esto».

 

Comentarios

Jesús es el centro de nuestra fe y Pedro nos lo recuerda. La centralidad de la vida cristiana se encuentra en Jesús, y éste, vencedor del pecado y la muerte por la acción del Espíritu de Dios. En él se le ha devuelto la salud al paralítico y su incorporación a la comunidad. Así nos introduce en la principal misión de las comunidades: el "testimonio" de liberación y dignificación que consigue el encuentro con el Resucitado. Su presencia viva y actuante en cada creyente se convierte en Buena Noticia de transformación y reconciliación. Ser testimonio nos invita a ser continuadores de su causa: ofrecer la vida, perdonar, curar, compartir. El proceso es muy simple: conocerlo y enamorarnos de él y su propuesta de vida nueva. Ser comunidad celebrando que se puede vivir de otra manera, lejos del poder y la violencia, sin acomodarnos o resignarnos. Generemos hábitos pascuales que nos hagan cuidar de la vida integralmente y no sólo en materia espiritual. ¿Qué gestos te acompañan en el cuidado de la vida?

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