Quien tiene fe se abandona; quien no cree necesita pruebas y testigos. La misión que Jesús realiza está atestiguada por dos grandes fuerzas: la providencia del Padre y la Palabra que él encarna.

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MARZO
Jueves
4ª Semana de Cuaresma
Benjamín (s. V)


Éx 32,7-14: Arrepiéntete de la amenaza

EI Señor dijo a Moisés: «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Éste es tu dios, Israel, el que te sacó de Egipto"». Y el Señor añadió a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo testarudo. Por eso déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti sacaré un gran pueblo». Entonces Moisés aplacó al Señor, su Dios, diciendo: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tu sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? ¿Tendrán que decir los egipcios: "Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra?" Desiste del incendio de tu ira...». Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

 

Sal 106: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

 

Jn 5,31-47: Moisés los acusa

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos... «El Padre que me envió da testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz, ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque al que él envió no le creen. Estudian la Escritura pensando que encierra vida eterna, porque ella da testimonio de mí; pero ustedes no quieren venir a mí para tener vida. Yo no recibo honores de los hombres; además yo sé que ustedes no poseen el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me reciben; si otro viniera en nombre propio, lo recibirían. ¿Cómo pueden creer, si viven pendientes del honor que se dan unos a otros, en lugar de buscar el honor que sólo viene de Dios? No piensen que seré yo el que los acuse ante el Padre; los acusará Moisés, en quien confían. Porque si creyeran a Moisés, también creerían en mí, ya que él escribió acerca de mí. Y si no creen lo que él escribió, ¿cómo creerán en mis palabras?».

 

Comentarios

Quien tiene fe se abandona; quien no cree necesita pruebas y testigos. La misión que Jesús realiza está atestiguada por dos grandes fuerzas: la providencia del Padre y la Palabra que él encarna. Pero no todos le creen; sólo la gente más sencilla y humilde de corazón. La incredulidad será descrita en el evangelio como terquedad y necedad: un pueblo testarudo requiere ver y tocar "dioses" de metal (becerros de oro). Igualmente, en nuestro camino de discipulado, llegamos a desconfiar de Dios cuando no satisface nuestras necesidades y sueños. Hemos de agudizar los sentidos para percibir su presencia en los gestos de amor y solidaridad que brotan de la misma gente marginada; aun viviendo en la miseria son capaces de caminar en esperanza. Pidamos a Dios por quienes se organizan para luchar por la defensa de la vida, la justicia y la verdad. Necesitamos del testimonio de personas como San Romero de América, dispuestas a dar la vida. ¿Estás dejando a Dios actuar en ti? ¡Sé testigo de la fe!

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