La palabra misericordia, "amor entrañable" (en hebreo rahamin) tiene como raíz la palabra rehem, traducida como "útero" o "entrañas maternas".

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MARZO
Miércoles
4ª Semana de Cuaresma
Zósimo (418)


Is 49,8-15: Te he constituido alianza

Así dice el Señor... «Grita de alegría, cielo; alégrate, tierra; prorrumpan en aclamaciones montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados». Decía Sion: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado. ¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pero, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré».

 

Sal 145: El Señor es clemente y misericordioso

 

Jn 5,17-30: También el Hijo da vida

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo». Por eso los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que además llamaba Padre a Dios, igualándose a Él. Jesús tomó la palabra y les dijo: «Les aseguro: El Hijo no hace nada por su cuenta si no se lo ve hacer al Padre. Lo que aquél hace lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará obras más grandes aún para que ustedes queden maravillados. Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, del mismo modo el Hijo da vida a los que él quiere. El Padre no juzga a nadie sino que encomienda al Hijo la tarea de juzgar para que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Les aseguro que quien oye mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna y no es sometido a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida... No se extrañen de esto: llega la hora en que todos los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hicieron el bien resucitarán para vivir, los que hicieron el mal resucitarán para ser juzgados. Yo no puedo hacer nada por mi cuenta; juzgo por lo que oigo, y mi sentencia es justa, porque no pretendo hacer mi voluntad sino la voluntad del que me envió».

 

Comentarios

La palabra misericordia, "amor entrañable" (en hebreo rahamin) tiene como raíz la palabra rehem, traducida como "útero" o "entrañas maternas". Dios mismo en toda su maternidad: compasión, cuidado entrañable, consuelo, amor maternal. Dios, a quien reconocemos como Padre, necesita también ser experimentado por la comunidad creyente con rasgos femeninos, como Madre que desde sus entrañas gesta vida nueva y esperanza. Jesús nos lo describe con expresiones atípicas, amor casi maternal, dando Vida y guiando a sus hijos e hijas con especial ternura. Y nos muestra su total identificación con la divinidad, efectiva y afectivamente; por eso es capaz de abrazar a toda persona sin distinción ni discriminación, especialmente a las mujeres, ofreciéndoles lugar, dignidad, bendición y un proyecto que las dignifica: el Reino. Una invitación a entrar en la novedad del encuentro con el Dios de Jesús que no juzga, sino que regala Vida Nueva. Tenemos como principal tarea el anuncio de la misericordia y la ternura del Dios "Padre-Madre" ¿Cómo es la experiencia que has tenido de Dios?

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