Dos historias, dos lecciones de vida: 1) Las aguas del templo que manan, corriendo hasta fecundar lo estéril. Y 2) Jesús que...

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MARZO
Martes
4ª Semana de Cuaresma
Jonás y Barquicio (s. II)


Ez 47,1-9.12: Manaba agua del templo

Del umbral del templo manaba agua hacia oriente -el templo miraba a oriente-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al sur del altar. Me sacó por la puerta norte y me llevó por fuera a la puerta del atrio que mira al oriente. El agua iba corriendo por el lado derecho. Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia el oriente, bajarán hasta el desierto, desembocarán en el mar de las aguas pútridas y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan, allí donde desemboque la corriente tendrán vida, y habrá peces en abundancia...».

 

Sal 46: El Señor de los ejércitos está con nosotros

 

Jn 5,1-3.5-16: Aquel hombre quedó sano

En aquel tiempo, celebraban los judíos una fiesta, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Rebaños, una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. Yacía en ellos una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados, que aguardaban a que se removiese el agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: «¿Quieres sanarte?». Le contestó el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes». Le dice Jesús: «Levántate, toma tu camilla y camina». Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado, por lo cual los judíos dijeron al que se había sanado: «Hoy es sábado, no puedes transportar tu camilla». Les contesto: «El que me sanó me dijo que tomara mi camilla y caminara». Le preguntaron: ¿Quién te dijo que la tomaras y caminaras?». Pero el hombre sanado lo ignoraba, porque Jesús se había retirado de aquel lugar tan concurrido. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira que has sanado. No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor». El hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por ese motivo perseguían los judíos a Jesús, por hacer tales cosas en sábado.

 

Comentarios

Dos historias, dos lecciones de vida: 1) Las aguas del templo que manan, corriendo hasta fecundar lo estéril. Y 2) Jesús que -Siendo el agua viva- regenera a quien lo necesita. Allí nos encontramos como personas receptoras de ese tipo de "bendición", invitadas a cuidar la vida nueva que brota y con alegría abrir caminos de dignidad, libertad, esperanza y "baile" (espíritu festivo). A nadie se le ocurriría poner condiciones a tanta bendición; sólo a quienes quieren manipular a Dios y no soportan que se rompa la ley del sábado por una "insignificante" vida enferma. La arrogancia humana olvida que la ley es creada para asegurar la vida y la convivencia armónica. Hoy seguimos encerrando y privatizando las aguas, que ya no fluyen libremente dando vida a quien la necesita. Hoy es un recurso lucrativo y privado que pertenece a los egoístas y acaparadores. ¡Qué lejos estamos de abrazar la creación como regalo y qué lejos del espíritu de la Laudato si! ¿Qué podemos hacer para defender los bienes comunes?

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