Cuando la religión se entiende mal y se vive peor, se convierte en una mampara para disimular u ocultar infinidad de defectos y carencias...

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MARZO
Sábado
3ª Semana de Cuaresma
Braulio (651)


Os 6,1-6: Quiero misericordia y no sacrificios

Vamos a volver al Señor: él nos despedazó y nos sanará, nos hirió y nos vendará la herida. En dos días nos hará revivir, al tercer día nos restablecerá y viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su venida es segura como la aurora; vendrá a nosotros como la lluvia, como aguacero que empapa la tierra. ¿Qué haré contigo, Efraín: qué haré contigo, Judá? Su amor es nube mañanera, rocío que se evapora al alba. Por eso los maté con las palabras de mi boca, los atravesé con mis profetas y mi sentencia brilla como la luz. Porque quiero amor, no sacrificios; conocimiento de Dios, no holocaustos.

 

Sal 51: Quiero misericordia, y no sacrificios

 

Lc 18,9-14: El publicano bajó a su casa justificado

En aquel tiempo, por algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús contó esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, el otro recaudador de impuestos. El fariseo, de pie, oraba así en voz baja: "Oh Dios, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres, ladrones, injustos, adúlteros, o como ese recaudador de impuestos. Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de cuanto poseo". El recaudador de impuestos, de pie y a distancia, ni siquiera alzaba los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "Oh Dios, ten piedad de este pecador". Les digo que éste volvió a casa absuelto y el otro no. Porque quien se alaba será humillado y quien se humilla será alabado».

 

Comentarios

Cuando la religión se entiende mal y se vive peor, se convierte en una mampara para disimular u ocultar infinidad de defectos y carencias; la persona religiosa parece justa ante la sociedad sin serlo de corazón. Ya dicen que no hay camino más lleno de engaños y autoengaños que el de la fe. En la parábola del evangelio, la verdadera justicia de Dios queda patentizada por el pecador necesitado. El fariseo, en cambio, distorsionando su experiencia religiosa, ha deformado su conciencia en una práctica ritualista y legalista. La religión, además de excluyente, se puede convertir en punitiva y condenatoria, sobre todo, de personas "sospechosas", quienes como "el recaudador" del relato, vivían su fe al margen del sistema oficial. La autosuficiencia y la autocomplacencia son incompatibles con la actitud de quien se pone en manos de su Dios implorando su misericordia y perdón. Aquí no hay autojustificación sino pura gratuidad. ¿Vives tu experiencia de fe como espacio para tranquilizar tu conciencia o como oportunidad para ser mejor persona y comprometerte?

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