Seguro al creyente le inquietará: ¿Cómo salvarse y huirle al infierno? Y muchos seguro nos preguntamos lo mismo, confiando en la misericordia del Dios de Jesús. Sin embargo, como el joven rico, tenemos apegos que nos impiden seguir este camino.

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FEBRERO
Lunes
8ª Semana Ordinario
Leandro (600)


1 Pe 1,3-9: No han visto a Jesucristo y lo aman

Bendito sea Dios, padre de nuestro Señor Jesucristo, que, según su gran misericordia y por la resurrección de Jesucristo de la muerte, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, a una herencia que no puede destruirse, ni mancharse, ni marchitarse, reservada para ustedes en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los protege para que alcancen la salvación dispuesta a revelarse el último día. Por eso alégrense, aunque por el momento tengan que soportar pruebas diversas. Así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más preciosa que el oro perecedero purificado por el fuego y se convertirá en motivo de alabanza, honor y gloria cuando se revele Jesucristo. Ustedes lo aman sin haberlo visto y, creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con gozo indecible y glorioso, ya que van a recibir, como término de su fe, la salvación personal.


Sal 111: El Señor recuerda siempre su alianza


Mc 10,17-27: Vende lo que tienes y sígueme

En aquel tiempo, Jesús se puso en camino, llegó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar vida eterna?». Jesús le respondió: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios. Conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no jurarás en falso, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre». Él le contestó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús lo miró con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: ve, vende cuanto tienes y dáselo a [los] pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme». Ante estas palabras, se llenó de pena y se marchó triste; porque era muy rico. Jesús mirando alrededor dijo a sus discípulos: «Difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas». Los discípulos se asombraron de lo que decía. Pero Jesús insistió: «¡Qué difícil es entrar en el reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios». Ellos llenos de asombro y temor se decían: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se los quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios; porque para Dios todo es posible».


Comentarios

Seguro al creyente le inquietará: ¿Cómo salvarse y huirle al infierno? Y muchos seguro nos preguntamos lo mismo, confiando en la misericordia del Dios de Jesús. Sin embargo, como el joven rico, tenemos apegos que nos impiden seguir este camino. Por lo tanto, igual que al personaje de este pasaje, Jesús nos mira con ternura. Jesús nos invita a despojarnos de aquello que no es útil, que nos impide seguirlo y no nos hace libres para ofrecernos generosamente. Liberarnos implica no apegarnos a todo tipo de bienes materiales, intelectuales, afectivos; inmersos en un mundo consumista que todo lo mercantiliza, haciéndonos supuestamente la vida más fácil y feliz, pretende que le empeñemos lo más valioso que tenemos: la vida. Hasta nuestro modo de alimentarnos es inseguro, y nos han hecho depender de comida chatarra que nos duele dejar. Lo que tenemos que descubrir son las consecuencias de no alimentarnos de manera saludable. ¿Cómo es tu alimentación? ¿Te nutre o te está enfermando poco a poco? Jesús te necesita en buenas condiciones físicas.

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