Toda la liturgia de este domingo parece resumirse en la frase del evangelio de Lucas -«Cada árbol se reconoce por sus frutos»- aseverando que, por el testimonio, se llega a conocer a las personas que viven una experiencia de Dios con sinceridad.

27

FEBRERO
Domingo
8º Ordinario
San Gregorio de Nared, abad


Eclesiástico 27,4-7: No alabes a nadie antes de que razone

Cuando se zarandea la criba y quedan los residuos, así el desperdicio del hombre cuando discute; el horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en su razonar, el cuidado de un árbol se muestra en el fruto, la mentalidad de un hombre en sus palabras; no alabes a nadie antes de que razone porque ésa es la prueba del hombre.


Salmo 92: Es bueno dar gracias al Señor


1 Corintios 15,54-58: Nos da la victoria por Jesucristo

Hermanos: Cuando lo corruptible se revista de incorruptibilidad y lo mortal de inmortalidad, se cumplirá lo escrito: «La muerte ha sido vencida definitivamente». ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, el poder del pecado es la ley. Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. En conclusión, queridos hermanos, permanezcan firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, convencidos de que sus esfuerzos por el Señor no serán inútiles.


Lucas 6,39-45: El árbol se conoce por sus frutos

En aquel tiempo, dijo Jesus a sus discípulos esta parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? No caerán ambos en un hoyo? El discípulo no es más que el maestro; cuando haya sido instruido, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la pelusa que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que hay en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacarte la pelusa de tu ojo, cuando no ves la viga del tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver claramente para sacar la pelusa del ojo de tu hermano. No hay árbol sano que dé fruto podrido, ni árbol podrido que dé fruto sano. Cada árbol se reconoce por sus frutos. No se cosechan higos de los cardos ni se vendimian uvas de los espinos. El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca».


Comentarios

Toda la liturgia de este domingo parece resumirse en la frase del evangelio de Lucas -«Cada árbol se reconoce por sus frutos»- aseverando que, por el testimonio, se llega a conocer a las personas que viven una experiencia de Dios con sinceridad. Lo agrio, lo amargo, lo insípido también forma parte de la vida y de los frutos, pero no podemos acostumbrarnos solamente a estos sabores, pues también los hay dulces o agridulces.

Pero ¡atención! porque el testimonio no es sinónimo de "virtud" y "pulcritud" sino de fragilidad" sostenida por la gracia de Dios, como nos lo recordará Pablo. No podemos olvidar lo frágil de la vida y lo costoso que se hace cultivarla y verla crecer. El problema de fondo o encontramos en este mundo que clasifica y privilegia a unos sobre otros. Hay vidas que, por lo material, por la raza y por el poder de dominio, se sienten grandes y seguras frente a los no tan afortunados. Hacemos real el dicho: "Unos nacen con estrella y otros estrellados"; lo más triste es que no hacemos nada por cambiar la realidad. Estos mitos que nos separan y diferencian podemos derribarlos, pero tal es la «pelusa» que nos enceguece, que no nos permite ver con claridad las injusticias que cometemos y se cometen contra personas valiosas a los ojos de Dios. En todo esto, la gracia de Dios no ha podido generar cambios en los corazones porque no la hemos dejado actuar. Por eso Jesús nos advierte de los que se convierten en líderes orgullosos, como ciegos guiando a otros ciegos. Y algo de esto nos pasa frente a muchos de los liderazgos de nuestra América Latina, serviles la mayoría, a intereses elitistas, y una población desinformada, ingenua, adormecida que sigue sosteniendo sistemas con gente incapaz. Hay corazones nobles y aguantadores que luchan contra toda clase de injusticias, como árboles sanos queriendo dar buen fruto; pero los hay también resentidos y débiles que se resignan a que las cosas se queden como están. Para que un árbol dé frutos buenos necesita buenas condiciones y cuidados. Podríamos pensar en los cuidados que muchas personas dejan de proporcionarse por falta de empleo, oportunidades y solidaridad. ¿Qué puede hacer mi comunidad para ayudar a personas necesitadas? ¿Qué podemos hacer los cristianos de "a pie" para dar frutos que dignifiquen y alegren la vida de los menos afortunados? Pide a Dios en tu oración la capacidad de cultivar el terreno de tu vida personal, familiar y comunitaria para dar buenos frutos.

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