Como personas, nos encasillamos en normas o parámetros que nos impiden abrirnos al Espíritu. También como cristianos sentimos envidia, somos egoístas y nos enojamos porque otros acogen la vida y le dan un sentido distinto...

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FEBRERO
Miéroles
7ª Semana Ordinario
Policarpo, obispo y mártir (155)


Stg 4,13-17: Deben decir así: «Si el Señor lo quiere»

Vamos ahora con los que hablan así: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero». ¿Qué saben del mañana?, ¿qué es su vida? Ustedes son como una neblina que aparece un rato y enseguida desaparece. Más bien tendrían que decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello». En cambio, ustedes insisten en hablar orgullosamente. Y todo orgullo de esa clase es malo. Quien sabe hacer el bien y no lo hace es culpable.


Sal 49: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos


Mc 9,38-40: Quién no está contra nosotros, está a nuestro favor

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: «Maestro, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo porque no nos sigue». Jesús respondió: «No se lo impidan. Aquel que haga un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. Quien no está contra nosotros, está a nuestro favor».


Comentarios

Como personas, nos encasillamos en normas o parámetros que nos impiden abrirnos al Espíritu. También como cristianos sentimos envidia, somos egoístas y nos enojamos porque otros acogen la vida y le dan un sentido distinto; caemos en la tentación de realizar la misión de Dios como un espacio cerrado o una forma de sentirnos privilegiados, creyéndonos dueños de Dios y de la verdad. A pesar de esto, el Espíritu de Dios llega para no ser encasillado bajo estructuras religiosas. Jesús les dice a los discípulos «no se lo impidan» (Mc 9,39), reconociendo que el Espíritu se manifiesta e ilumina a personas que, desde su experiencia y condición, optan por un mundo más humano, y no bajo criterios propiamente religiosos. Reconozcamos con humildad que no siempre nuestros planes y proyectos responden al querer de Dios. Evangelizar no es forzar a otros a que cumplan mandamientos; es más bien dar espacio a la gracia para que transforme y regenere la vida. ¿Descubro la bondad de Dios fuera de la Iglesia?

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