En el evangelio, vemos a Jesús preguntando: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Mt 16,14), pregunta que podría ayudarnos a sondear actualmente lo que piensa la gente de Jesús y su causa.

22

FEBRERO
Martes
7ª Semana Ordinario
Cátedra de Pedro


1Pe 5,1-4: Presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo

A los ancianos que están entre ustedes les ruego como colega, testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que se ha de revelar: apacienten el rebaño de Dios que les han confiado, cuidando de él no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere no por ambición de dinero sino generosamente; no como tiranos de los que les han asignado, sino como modelos del rebaño. Así, cuando se revele el Pastor supremo, recibirán la corona eterna de la gloria.


Sal 23: El Señor es mi pastor, nada me falta


Mt 16,13-19: Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a los discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?». Ellos contestaron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; otros, Jeremías o algún otro profeta». Él les dice: «Y ustedes, quién dicen que soy?». Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le dijo: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá. A ti te daré las llaves del reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».


Comentarios

En el evangelio, vemos a Jesús preguntando: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Mt 16,14), pregunta que podría ayudarnos a sondear actualmente lo que piensa la gente de Jesús y su causa. Hoy en día algunos ponemos nuestra confianza en falsos mesías, como si viviéramos deslumbrados frente a "falsas promesas" o un velo cubriera nuestros ojos, impidiéndonos dar cabida al proyecto liberador del Reino. Pedro estaba seguro de quién era Jesús para él y cómo lo había ayudado a vencer sus miedos y su egoísmo; así, con esa seguridad necesitamos reconocerlo presente entre nosotros. La fe tiene que ser el oxígeno que dé vitalidad a la Iglesia y la haga salir de sí misma. Dios infunde confianza en Pedro no para hacerlo piedra arrogante sino para que, reconociendo su fragilidad, manifieste a todos la bondad y la misericordia. Grande la tarea de las comunidades creyentes, llamadas a ser signo y fermento de la presencia del mesías en el mundo. ¿En qué o en quién está cimentada tu fe? ¡Despierta y comprométete!

Visto 400 veces

Please publish modules in offcanvas position.