«Creo; pero socorre mi falta de fe». La oración del padre que nos presenta este evangelio es modelo y ejemplo del Dios que se hace cercano y se compadece. La vida cristiana nace, se desarrolla y se consolida en una fe humilde pero decidida.

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FEBRERO
Lunes
7ª Semana Ordinario
Pedro Damián (1072)


Stg 3,13-18: No anden gloriándose con el corazón amargado por la envidia y el egoísmo

Queridos hermanos: ¿Hay entre ustedes alguien sensato y prudente? Demuestre con su buena conducta que actúa guiado por la humildad propia de la sabiduría. Pero si ustedes dejan que la envidia los amargue y hacen las cosas por rivalidad, no se engañen ni se burlen de la verdad. Esa no es sabiduría que baja del cielo, sino terrena, animal, demoníaca. Donde hay envidia y rivalidad, allí hay desorden y toda clase de maldad. La sabiduría que procede del cielo es ante todo pura; además es pacífica, comprensiva, dócil, llena de piedad y buenos resultados, sin discriminación ni fingimiento. Los que trabajan por la paz, siembran la paz y cosechan la justicia.


Sal 19: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón


Mc 9,13-28: Tengo fe, pero dudo; ayúdame

En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, volvieron a donde estaban los discípulos, vieron un gran gentío y unos letrados discutiendo con ellos. En cuanto la gente lo vio, quedaron sorprendidos y corrieron a saludarlo. Él les preguntó: «¿De qué están discutiendo?». Uno de la gente le contesto: «Maestro, te he traído a mi hijo, poseído por un espíritu que lo deja mudo. Cada vez que lo ataca, lo tira al suelo; él echa espuma por la boca, rechina los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que lo expulsaran y no han podido». Él les contestó: «¡Qué generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo». Se lo llevaron; y, en cuanto el espíritu lo vio, sacudió con violencia al muchacho, que cayó a tierra y se revolcaba echando espuma por la boca. Jesús preguntó al padre: «¿Desde cuándo le sucede esto?». Contestó: «Desde niño. Y muchas veces incluso lo tira al agua o al fuego para acabar con él. Por eso, si puedes hacer algo, compadécete de nosotros y ayúdanos». Jesus le respondió: «¿Que si puedo? Todo es posible para quien cree. Inmediatamente el padre del muchacho exclamó: «Creo; pero socorre mi falta de fe». Viendo Jesús que la gente se agolpaba sobre ellos, reprendió al espíritu inmundo: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo ordeno; sal de él y no vuelvas a entrar en él...».


Comentarios

«Creo; pero socorre mi falta de fe». La oración del padre que nos presenta este evangelio es modelo y ejemplo del Dios que se hace cercano y se compadece. La vida cristiana nace, se desarrolla y se consolida en una fe humilde pero decidida. Podríamos preguntarnos: ¿Quién puede presumir de creer lo suficiente? Quién habrá que no necesite purificar su fe y confiar más en Dios, poniendo en práctica aquello que dice creer? Nos recuerda Jesús: «Todo es posible para quien cree», aludiendo a quienes dudan de la intervención de Dios en la historia humana. Siempre es saludable recordar de qué nos ha liberado Dios a cada uno de nosotros. No se trata de acciones mágicas o poderes humanos especiales sino de gestos sanadores y dignificantes. Por eso Jesús increpa a la muchedumbre, llamándola: "gente sin fe". Indirectamente se lo dice a los discípulos, recordándoles la importancia de la oración. Procura hacer de tu oración una experiencia liberadora y sanadora. ¿Acaso oras para enfrentar con sabiduría y valentía las adversidades?

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