Somos seres humanos con una capacidad espiritual que nos posibilita superar adversidades y toda clase de mal. Claro que esto no se logra instantáneamente, sino que requiere de un cierto cultivo de virtudes que nos hagan personas resilientes (resistentes).

20

FEBRERO
Sábado
7º Ordinario
Jacinta y Francisco (1919/1920)


1 Samuel 26,2.7-9.12-13.22-23: David no atentó contra Saúl

En aquellos días, Saúl emprendió la bajada hacia el desierto de Zif, con tres mil soldados israelitas, para dar una batida en busca de David. David y Abisay llegaron de noche al campamento Saúl estaba echado, durmiendo en medio del cercado de carros la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa estaban echados alrededor. Entonces Abisay dijo a David: «Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada; no hará falta repetir el golpe». Pero David le dijo: «¡No lo mates, que no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor!» David tomó la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl y se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni despertó; estaban todos dormidos, porque los había invadido un letargo enviado por el Señor. David cruzó a la otra parte, se plantó en la cima del monte, lejos, dejando mucho espacio en medio. Que mi sangre no caiga en tierra, lejos de la presencia del Señor, ya que el rey de Israel ha salido persiguiéndome a muerte, como se caza una perdiz por los montes». Saul respondió: «¡He pecado! Vuelve, hijo mío, David, que ya no te haré nada malo, por haber respetado hoy mi vida. He sido un necio, me he equivocado totalmente». David respondió: «Aquí está la lanza del rey. Que venga uno de los jóvenes a recogerla. El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Porque él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor».


Salmo 103: El Señor es compasivo y misericordioso


1 Corintios 15,45-49: Seremos imagen del hombre celestial

Hermanos: el primer hombre, Adán, se convirtió en un ser vivo; el último Adán se hizo un espíritu que da vida. No fue primero el espiritual, sino el natural, y después el espiritual. El primer hombre procede de la tierra y es terreno; el segundo hombre procede del cielo. El hombre terrenal es modelo de los hombres terrenales, como es el celeste modelo de los hombres celestes. Así como hemos llevado la imagen del hombre terrestre, llevaremos también la imagen del celeste.


Lucas 6,27-38: Sean compasivos como el Padre

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A ustedes que me escuchan yo les digo: Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian. Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra; al que te quite el manto no le niegues la túnica; da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames. Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos. Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto. Por el contrario amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos».


Comentarios

Somos seres humanos con una capacidad espiritual que nos posibilita superar adversidades y toda clase de mal. Claro que esto no se logra instantáneamente, sino que requiere de un cierto cultivo de virtudes que nos hagan personas resilientes (resistentes). Todas las lecturas nos invitan a superar ese lado negativo de lo humano cuando se siente amenazado, pudiendo recurrir a la venganza. Se nos recuerda que, más allá de la legítima defensa, está el perdón. Dios nos invita a ser misericordiosos para con nosotros, con los otros y con toda la creación. La verdadera misericordia nos abre a la solidaridad universal, sabiéndonos corresponsables y vinculados con todo cuanto existe.

Vivimos tiempos difíciles en los que la indiferencia y el individualismo se sortean la vida de los más vulnerables; familias enteras se ven imposibilitadas por falta de empleo y acceso a una buena alimentación; la palabra "equidad" parece no existir, pues, aunque en el mundo se producen alimentos a gran escala, el poder adquisitivo es lo que cuenta. Es fácil verlo en una perspectiva macro, pero si somos sinceros también nosotros hemos sido engullidos por este sistema injusto. Es así como una experiencia auténtica de misericordia ha de llevarnos a revisar nuestras pequeñas injusticias, para que, reconociéndolas, activemos el mecanismo de enmienda. Puede ser un buen ejercicio hacer nuestras las palabras de Pedro Casaldáliga: «¡Ábrenos los oídos y los ojos, sacúdenos el miedo y las inercias, danos un corazón de carne y crisma, revístenos de gozo y de osadía, envíanos, al Viento que te lleva, testigos de tu Hijo, diáconos de Pascua, servidores, hermanos ecuménicos del Mundo!».

Configurar la vida con la de Jesús, que vivió coherentemente, es tarea constante del discípulo que busca humanizarse humanizando. Jesús pasó haciendo el bien, buscando por todos los medios manifestar cercanía y compasión hacia quienes más sufrían marginación y exclusión. Su trabajo más intenso se basó en conformar una comunidad de seguidores, hombres y mujeres, que asumieran nuevos criterios de relación y de encuentro respetuoso e igualitario.

Nuestra vida ha de encarnar la fraternidad-sororidad evangélica, donde se visibilicen todos los rostros (incluso el de la madre tierra) en solidaridad universal. No podemos atentar contra la vida de ninguna criatura sólo por estar en una posición social privilegiada o por creernos superiores. En consecuencia, tratemos a los otros y al entorno como quisiéramos ser tratados. Esto nos permitirá abrazar, sentir y caminar juntos. De qué manera materializo mi solidaridad con los más vulnerables? ¿Cómo puedo hacerme más tolerante y paciente? ¿Evito la crítica y la exclusión de personas?

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