Nadie sabe cómo crece dentro de sí el deseo por el Reino, pero el Espíritu sí. Dios ha colocado una semilla dispuesta a germinar en nuestro interior; la acción del Espíritu hace posible que vaya formándose...

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ENERO
Viernes
3ª Semana Ordinario
Tomás de Aquino (1274)


2Sm 11,1-4a.5-10a.13-17: «Te has burlado de mí casándote con la mujer de Urías»

...David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén, y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea de palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose una mujer muy bella. David mandó a preguntar por la mujer, y le dijeron: «Es Betsabé, hija de Elián, esposa de Urías, el hitita». David mandó a unos para que se la trajesen... Después Betsabé volvió a su casa; quedó encinta y mandó este aviso a David: «Estoy encinta». Entonces David mandó esta orden a Joab: «Mándame a Urías, el hitita». Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra... Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab, y hubo algunas bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.


Sal 51: «Misericordia, Señor, que hemos pecado»


Mc 4,26-34: ¿Con qué compararemos el reino de Dios?

Enseñó Jesús: «El reinado de Dios es como un hombre que sembró un campo: de noche se acuesta, de día se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce fruto: primero el tallo, después la espiga, después grana el trigo en la espiga. En cuanto el grano madura, mete la hoz, porque ha llegado la cosecha». Decía también: «Con qué compararemos el reinado de Dios? ¿Con qué parábola lo explicaremos? Con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de las semillas; después de sembrada crece y se hace más alta que las demás hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar a su sombra». Con muchas parábolas semejantes les exponía el mensaje adaptándolo a la capacidad de sus oyentes. Sin parábolas no les exponía nada; pero en privado, a sus discípulos les explicaba todo.


Comentarios

Nadie sabe cómo crece dentro de sí el deseo por el Reino, pero el Espíritu sí. Dios ha colocado una semilla dispuesta a germinar en nuestro interior; la acción del Espíritu hace posible que vaya formándose hasta dar fruto y es Jesús quien nos muestra cómo y dónde compartirlo. Para que esto sea posible hemos de dejarnos encontrar y amar por el mismo Dios. Cuando eso sucede se da la hermosa experiencia de la segunda parábola: nos convertimos en personas capaces de aliviar y confortar a quien nos necesita. ¿Qué le pasa a la semilla en terrenos estériles? Lucha, batalla por crecer y desarrollarse, pero se le hace difícil y puede morir en el intento. Así sucede con las ansias de ver fructificar el Reino cuando no permitimos a Dios actuar. Para construir el Reino se requiere cuidar bien el corazón humano, porque puede pasarle lo que, al ungido de Dios, David: perdió la batalla del Reino porque había perdido la batalla del corazón. Pidamos a Dios no ser derrotados.

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