«Dígnate bendecir la casa de tu servidor». Es la petición que David dirige a Dios cuando reconoce que todo lo vivido y alcanzado ha sido por pura gracia, no con sus solas fuerzas.

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ENERO
Jueves
3ª Semana Ordinario
Ángela Mérici (1540)


2Sm 7,18-19.24-29: «¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia?»

Entonces el rey David fue a presentarse ante el Señor, y dijo: «¿Quién soy yo, mi Señor? Y ¿qué es mi familia para que me hayas hecho llegar hasta aquí? Y como si fuera poco para ti, mi Señor, has hecho una promesa a la casa de tu servidor para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor. Has establecido a tu pueblo, Israel, como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. Ahora, Señor Dios, confirma para siempre la promesa que has hecho a tu servidor y su familia, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: "¡El Señor Todopoderoso es Dios de Israel!" Y que la casa de tu servidor David permanezca en tu presencia. Tú, Señor Todopoderoso, Dios de Israel, has hecho a tu servidor esta revelación: "Te edificaré una casa: por eso tu servidor se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu servidor. Dígnate bendecir a la casa de tu servidor, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu servidor».


Sal 132: El Señor Dios le dará el trono de David, su padre


Mc 4,21-25: Quien tenga oídos para escuchar, que escuche

Jesús les decía: «¿Se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No se coloca en el candelero? Nada hay oculto que no se descubra, nada encubierto que no se divulgue. El que tenga oídos para oír que escuche», Les decía también: «Tengan cuidado con lo que oyen: la medida con que midan la usarán con ustedes, y aún más. Porque al que tiene se le dará; pero al que no tiene se le quitará aun lo que tiene».


Comentarios

«Dígnate bendecir la casa de tu servidor». Es la petición que David dirige a Dios cuando reconoce que todo lo vivido y alcanzado ha sido por pura gracia, no con sus solas fuerzas. Es común en nuestros países la acostumbre de bendecir las casas o los bienes, devoción que brota de corazones agradecidos por el favor de Dios. Pero no debemos olvidar que esas bendiciones son, a la vez, don y tarea. Reconocer a Dios como fuente y origen de todo bien nos debe llevar a reconocer que el mayor regalo recibido es la vida misma, que nos comprometemos a cuidarla en familia, en comunidad, en sociedad. El evangelio de hoy puede darnos la impresión de que seremos medidos por Dios al final de nuestros días. Sin embargo, no será Dios quien nos medirá sino nuestros actos. Meditemos en nuestro proceder con un pensamiento de Pedro Casaldáliga: A final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres.

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