Seguir a Jesús no es tarea fácil, requiere de una "nueva luz" que sea capaz de sacar a todas las personas del anonimato para vivir la fe en el Nazareno. En el episodio del ciego, uno pensaría que el milagro sucede por arte de magia...

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NOVIEMBRE
Lunes
33ª Semana Ordinario
Roque González (1628)
Alberto Magno (1280)

1Mac 1,10-15.41-43.54-57.62-64: Una cólera abatió a Israel

En aquellos días, brotó un vástago perverso: Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco. Había estado en Roma como rehén, y subió al trono el año ciento treinta y siete de la era seléucida. Por entonces hubo unos israelitas renegados que convencieron a muchos diciendo: ¡Vamos a hacer un pacto con las naciones vecinas, porque desde que nos separamos de ellos nos han venido muchas desgracias! Esta propuesta fue bien recibida, y algunos del pueblo fueron enseguida a ver al rey. El rey los autorizó a adoptar las costumbres paganas, y entonces, acomodándose a los usos paganos, construyeron un gimnasio en Jerusalén, disimularon la circuncisión, renegaron de la santa alianza, se emparentaron con los paganos y se entregaron a toda clase de maldades. El rey decretó la unidad nacional para todos los súbditos de su imperio, obligando a cada uno a abandonar su legislación particular... Se destruían y echaban al fuego los libros de la ley que encontraban; y al que se lo descubría con un libro de la alianza en su poder, o al que vivía de acuerdo con la ley se lo ajusticiaba, en virtud del decreto real. Pero hubo muchos israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer alimentos impuros; prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la alianza santa. Y murieron. Fueron días de terribles calamidades para Israel.

Salmo 118: ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Lc 18,35-43: ¿Qué quieres que haga por ti?

En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba la gente, preguntó qué sucedía. Le dijeron que pasaba Jesús de Nazaret. Él gritó: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! Los que iban delante lo reprendían para que callase. Pero él gritaba más fuerte: Hijo de David, ten piedad de mí. Jesús se detuvo y mandó que se lo acercasen. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Contestó: Señor, que recobre la vista. Jesús le dijo: Recobra la vista, tu fe te ha salvado. Al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios; y el pueblo, al verlo, alababa a Dios.

Comentarios

Seguir a Jesús no es tarea fácil, requiere de una "nueva luz" que sea capaz de sacar a todas las personas del anonimato para vivir la fe en el Nazareno. En el episodio del ciego, uno pensaría que el milagro sucede por arte de magia, pero no es así. Todos los milagros de Jesús requieren de una fe puesta en acción. En un sistema de pureza que condenaba al ciego a la no existencia, por estar "muerto en vida", resulta alentador que el ciego salga de su oscuridad y se incorpore al camino. El ciego es símbolo de un discipulado que no se limita al anonimato: pregunta, grita, exige que el Dios de Jesús le incorpore a la comunidad. Cuando la comunidad quiera silenciarte por ser diferente, o hacerte invisible en tu ministerio, decirte que tú no eres persona digna, imita al ciego: pregunta, reconoce a Jesús como tu Salvador, y grita con todo tu corazón, para que así puedas acceder a la propuesta de Jesús que se brinda a todos.

 

 

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