Orar siempre sin cansarse, en eso consiste la fe, en la certeza de que nuestro clamor llega a Dios y, Él hace justicia inmediatamente. Pero ¿cómo es nuestra oración?

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NOVIEMBRE
Sábado
32ª Semana Ordinario
Diego de Alcalá (1463)


Sab 18,14-16; 19,6-9: Se vio el mar como camino

Un silencio sereno lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa se abalanzó, como guerrero implacable, desde el trono real de los cielos al país condenado; llevaba la espada afilada de tu orden terminante; se detuvo y lo llenó todo de muerte; pisaba la tierra y tocaba el cielo. Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes, cambió radicalmente su naturaleza para guardar sin daño a tus hijos. Se vio la nube dando sombra al campamento, la tierra firme surgiendo donde antes había agua, el Mar Rojo convertido en camino despejado y el violento oleaje hecho una llanura verde; por allí pasaron, en formación compacta, los que iban protegidos por tu mano, presenciando prodigios asombrosos. Retozaban como potros y saltaban de alegría como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.


Salmo 104: Recuerden las maravillas que hizo el Señor


Lc 18,1-8: Dios hará justicia a sus elegidos

En aquel tiempo, para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, Jesús les contó una parábola: Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en la misma ciudad una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi rival. Por un tiempo se negó, pero más tarde se dijo: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, así no seguirá molestándome. El Señor añadió: Fíjense en lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? Les digo que inmediatamente les hará justicia. Sólo que, cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?


Comentarios

Orar siempre sin cansarse, en eso consiste la fe, en la certeza de que nuestro clamor llega a Dios y, Él hace justicia inmediatamente. Pero ¿cómo es nuestra oración? Jesús nos ofrece una imagen muy activa, la de una mujer viuda y desprotegida que insistió hasta cansar al juez insensible, que no respetaba a Dios ni a los hombres. Podemos imaginarla levantándose cada día, firme en Su convicción de que había una justicia que le era debida ya la que no iba a renunciar, a pesar de que todos los días el juez le cerraba las puertas. Insistió, hasta el cansancio, porque era grande su convicción. Orar implica ponerse en movimiento, con constancia, tesón, esfuerzo, todos los días nuevamente, si es necesario, para conseguir la debida justicia. Actualmente ha crecido la conciencia de los derechos humanos y sin embargo, son muchos los derechos vulnerados en los pobres, en las mujeres, en los niños, en los trabajadores y en los ancianos. ¡Son muchos los clamores! ¿Podría nuestra oración consistir en ponernos en movimiento y sumarnos a esos clamores?

 

 

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