La liturgia de la Palabra presenta el tema de la relación del creyente con los bienes. En la primera lectura, se reconoce la bondad de los bienes pero se enfatiza la importancia de la sabiduría.

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OCTUBRE
Domingo
28° Ordinario
Daniel Comboni (1881)

 

Sabiduría 7,7-11: Con la sabiduría desprecié la riqueza

Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de Sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza; no la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro; la quise más que a la salud y la belleza y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

 

Salmo 89: Sácianos de tu misericordia, Señor, y toda nuestra vida será alegría y júbilo

 

Hebreos 4,12-13: La palabra discierne los sentimientos

La Palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que espada de dos filos; penetra hasta la separación de alma y espíritu, articulaciones y médula, y discierne sentimientos y pensamientos del corazón. No hay criatura oculta a su vista, todo está desnudo y expuesto a sus ojos. A ella rendiremos Cuentas.

 

Marcos 10,17-30: Vende lo que tienes y sígueme

En aquel tiempo, cuando Jesús se puso en camino, llegó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: Maestro bueno, qué debo hacer para heredar vida eterna? Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios. Conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no jurarás en falso, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre. Él le contestó: Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud. Jesús lo miró con cariño y le dijo: Una cosa te falta: ve, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme. Ante estas palabras, se llenó de pena y se marchó triste; porque era muy rico. Jesús mirando alrededor dijo a sus discípulos: Difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas. Los discípulos se asombraron de lo que decía. Pero Jesús insistió: ¡Qué difícil es entrar en el reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios. Ellos llenos de asombro y temor se decían: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús los quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible, pero no para Dios; porque para Dios todo es posible. Pedro entonces le dijo: Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús le contestó: Les aseguro que todo el que deje casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o campos por mí y por la Buena Noticia ha de recibir en esta vida cien veces más en casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y campos, en medio de las persecuciones, y en el mundo futuro la vida eterna.

 

Comentarios

La liturgia de la Palabra presenta el tema de la relación del creyente con los bienes. En la primera lectura, se reconoce la bondad de los bienes pero se enfatiza la importancia de la sabiduría. Toda la creación es buena pero para obtener los bienes y disfrutarlos es importante la sabiduría. Esta se convierte en una búsqueda que trae consigo todo bien, da la justa medida a la creación y se vincula al plan de Dios viviendo acorde a dicho estilo de vida. Desde esta perspectiva, la sabiduría es lo máximo a lo que un ser humano puede aspirar. El conocimiento científico, las riquezas, el prestigio y el poder, la salud y la belleza son quimera, si no se vive en sabiduría y en armonía con Dios, con el prójimo y con el mundo, si no se aprende a amar, a disfrutar y a ser felices.

Era común desde ese horizonte de la sabiduría, que muchos acudieran a maestros para recibir claves de vida. El evangelio presenta a un hombre que salió a encontrarse con Jesús en el camino, con el fin de pedirle una clave para alcanzar la vida eterna y con un comportamiento único, parecido al de un enfermo que se acerca a Jesús para implorar la gracia de la curación. Este hombre comprende la gratuidad de Dios, por eso pregunta cómo heredar la vida eterna y le pregunta a Jesús qué le falta por hacer. El Hijo de Dios se vincula al diálogo recordándole la gratuidad de Dios en la Escritura, principalmente en el Decálogo, ley de vida para el pueblo y luego no le impone un mandamiento sino que lo invita a otra lógica, a entregar sus bienes y darlos a los pobres. La propuesta de Jesús gira en torno al desprendimiento y la disponibilidad para poner al servicio de la humanidad lo que somos y tenemos.

Jesús no minimiza la radicalidad de su propuesta para que el joven rico no se vaya; lo mira y lo ama sinceramente como ser humano, aprecia su deseo de participar en la vida, pero lo deja marchar libremente. Después, con los discípulos, se refiere al peligro de las riquezas. Éstas son atractivas y seducen como un dios y, por eso mismo, el desprendimiento exige un acto de generosidad que sólo con la ayuda de Dios se puede lograr. Somos invitados a optar por una forma de vida que no esté dominada por el dinero, sino conducida por el amor de Dios. La sabiduría para descubrir la gratuidad de Dios y vivir una existencia generosa, sólo es posible con un encuentro sincero con la Palabra que exige de nosotros actitudes transformadoras que visibilicen la radicalidad de seguir a Jesús.

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