Según las indicaciones de Lucas se narra algo crucial para la vida de los interlocutores de Jesús de Nazaret, para nosotros lectores del Evangelio así como para las generaciones futuras que posibiliten la escucha y praxis de la Buena Nueva.

9

OCTUBRE
Sábado
27ª Semana Ordinario
Héctor Valdivieso (1934)

 

Jl 4,12-21: Madura está la mies

Así dice el Señor: Alerta, vengan las naciones al valle de Josafat, que allí me sentaré a juzgar a los pueblos vecinos. Mano a la hoz, madura está la cosecha: vengan a pisar la uva, que hay mucha; desbordan las cubas, porque abunda su maldad, muchedumbres y muchedumbres en el valle de la Decisión; porque llega el día del Señor en el valle de la Decisión. Sol y luna se oscurecen, los astros recogen su resplandor. El Señor rugirá desde Sion, alzará la voz en Jerusalén y temblarán cielo y tierra; el Señor será refugio de su pueblo, fortaleza de los israelitas. Y sabrán que yo soy el Señor, su Dios, que habito en Sion, mi monte santo; Jerusalén será santa y no la atravesarán extranjeros. Aquel día los montes manarán licor, las colinas destilarán leche, los torrentes de Judá irán llenos de agua; brotará un manantial en el templo del Señor que engrosará el Torrente de las Acacias. Egipto se volverá un desierto; Edom, llanura desolada, porque violentaron a los judíos y derramaron sangre inocente en su país. Judá estará habitada siempre, Jerusalén sin interrupción. Vengaré su sangre, no quedarán sin castigo, y el Señor habitará en Sion.

 

Salmo 96: Alégrense, justos, con el Señor

 

Lc 11,27-28: Dichosos los que escuchan la Palabra

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de la multitud alzó la voz y dijo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Él replicó: ¡Dichosos, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

 

Comentarios

Según las indicaciones de Lucas se narra algo crucial para la vida de los interlocutores de Jesús de Nazaret, para nosotros lectores del Evangelio así como para las generaciones futuras que posibiliten la escucha y praxis de la Buena Nueva. La mujer que irrumpe y alaba la hospitalidad del seno de la Madre de Jesús, ve redimensionada su bienaventuranza, con la lógica del Maestro: somos hijos e hijas de Dios en el «Mesías-Hijo», somos hermanos y hermanas porque escuchamos su Palabra y la hacemos acontecer en la vida personal, comunitaria y sociocultural. En la medida que la Palabra acontezca en las relaciones y contextos humanos, será Palabra de Dios (Lc 8, 21). En este sentido, todo ser humano tiene la posibilidad de habitar en la dinámica del Reino, recuperando la memoria creadora y el talante profético de la práctica de Jesús, en la que se nos invita a la construcción de la fraternidad (sororidad) universal. ¿Actuamos en consecuencia como hijos e hijas de Dios, y en el «Mesías-Hijo», como hermanos y hermanas?

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