Con frecuencia San Lucas describe a Jesús de Nazaret orando, en intimidad con Dios. De hecho, lo central de la experiencia bíblica es el acontecimiento de un Dios personal, libre y amorosamente comprometido con la aventura humana, que culmina en el «Abbá» de Jesús...

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OCTUBRE
Miércoles
27ª Semana Ordinario
María Rosa Durocher, fundadora (1849)
Bruno, fundador (1101)

 

Jon 4,1-11: No tendré compasión por Nínive

Jonás sintió un disgusto enorme. Irritado, rezó al Señor en estos términos: ¡Ah, Señor, ya me lo decía yo cuando estaba en mi tierra! Por algo me adelanté a huir a Tarsis; porque sé que eres un Dios compasivo y clemente, paciente y misericordioso, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir. Respondió el Señor: ¿Te parece bien irritarte de esa manera? Jonás había salido de la ciudad y se había instalado al oriente de la misma; allí se había hecho una choza, y estaba sentado a la sombra esperando el destino de la ciudad. Entonces el Señor Dios hizo crecer una planta de ricino hasta sobrepasar a Jonás, para que le diese sombra en la cabeza y lo librase de una insolación. Jonás estaba encantado con aquel ricino. Entonces Dios envió un gusano al amanecer el día siguiente, el cual dañó el ricino, que se secó. Y cuando el sol apretaba, envió Dios un viento sofocante del este; el sol abrasaba la cabeza de Jonás y lo hacía desfallecer. Jonás se deseó la muerte y dijo: Más vale morir que vivir. Respondió Dios a Jonás: ¿le parece bien enojarte a causa de esa planta de ricino? Contestó: ¡Claro que me parece bien enojarme hasta desear morir! El Señor le replicó: Tú sientes compasión de una planta de ricino que no te ha costado cultivar, que una noche brota y otra perece, ¿y yo no voy a apiadarme de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres que no saben distinguir el bien del mal, y donde hay además muchísimo ganado?

 

Salmo 85: Tú, Señor, eres bueno y clemente

 

Lc 11,1-4: Señor, enséñanos a orar

Una vez estaba Jesús en un lugar orando. Cuando terminó, uno de los discípulos le pidió: Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos. Jesús les contestó: Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; el pan nuestro de cada día danos hoy; perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación.

 

Comentarios

Con frecuencia San Lucas describe a Jesús de Nazaret orando, en intimidad con Dios. De hecho, lo central de la experiencia bíblica es el acontecimiento de un Dios personal, libre y amorosamente comprometido con la aventura humana, que culmina en el «Abbá» de Jesús, como fuente entrañable de confianza filial y aliento de profético. En este sentido, llamar a Dios «Abbá», santificar su nombre y rogar el advenimiento del Reino, expresan la esperanza del pueblo de Dios, vinculando el sentido salvífico con el quehacer político, porque es en lo profundo de lo humano donde acontece su voluntad. En cambio, los siguientes ruegos refieren a las necesidades de rehabilitación de la comunidad, urgida de sostenibilidad, reconciliación, perdón y discernimiento. Perder la profundidad del «Abbá» de la praxis orante, sanante y liberadora de Jesús, "sería no sólo una pérdida irreparable para el cristianismo, sino que privaría a las demás religiones, y a la misma humanidad, de su oferta más esencial" como dice Andrés Torres. ¿Somos cristianos que promueve la solidaridad y responsabilidad activa con la humanidad?

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