La fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael celebra la santidad como manifestación de Dios a la humanidad.
29
SEPTIEMBRE
Miércoles
26ª Semana Ordinario
Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles


Dn 7,9-10.13-14: Multitudes le servían
Durante la visión vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó: Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, Ilamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Seguí mirando, y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo una figura humana, que se acercó al anciano y fue presentada ante él. Le dieron poder real y dominio: todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetaran. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.


Salmo 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor


Jn 1,47-51: Verás a los ángeles en presencia de Dios
Viendo Jesús acercarse a Natanael, le dice: Ahí tienen un israelita de verdad, sin falsedad. Le pregunta Natanael: ¿De qué me conoces? Jesús le contestó: Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera. Respondió Natanael: Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el rey de Israel. Jesús le contestó: ¿Crees porque te dije que te vi bajo la higuera? Cosas más grandes que éstas verás. Y añadió: Les aseguro que verán el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.


Comentario
La fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael celebra la santidad como manifestación de Dios a la humanidad. Hoy lo que representa la santidad parece estar atravesado por prejuicios y actitudes de sospecha que impiden ver la profundidad de la experiencia. En este sentido, la Escritura y el quehacer teológico de los primeros siglos han dejado claro que Dios es santo (s 6, 3); que Jesús, «El Mesías-Hijo» fue proclamado por seguidores y adversos como el Santo de Dios (Lc 4, 34); y que con su pasión, muerte y resurrección acontece el Espíritu Santo sobre toda la historia y toda persona (Jn 20, 22.33). Con lo cual, la santidad se erige como un estilo de vida propuesto a todo ser humano: la santidad es una vida impulsada por el Espíritu capaz de construir relaciones trascendentes que nos afirmen como sujetos verdaderamente humanos frente a toda apatía y violencia históricas. Porque "no hay santidad creíble sino es plenamente humana" y humanizadora. ¿Le creemos a Jesús «El Mesías, Hijo de lo Humano»?
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