El imaginario religioso de nuestra época está permeado por una lógica que presenta a un dios no bondadoso, como una forma de justificación de las acciones humanas atravesadas por la maldad y sus consecuencias denigrantes para la dignidad y coexistencia.
27
SEPTIEMBRE
Lunes
26ª Semana Ordinario
Vicente de Paúl (1660)


Zac 8,1-4: Libertaré a mi pueblo
En aquellos días, vino la palabra del Señor de los Ejércitos: Así dice el Señor Todopoderoso: Siento celos de Sión, celos terribles siento de ella unos celos que me arrebatan. Así dice el Señor Todopoderoso: Volveré a Sión, habitaré en medio de Jerusalén Jerusalén se llamará Ciudad fiel, el monte del Señor Todopoderoso, Monte santo. Así dice el Señor Todopoderoso: Otra vez se sentarán ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, y habrá hombres tan ancianos que se apoyarán en bastones.


Salmo 101: Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti


Lc 9,46-50: El más pequeño, es el mayor
En aquel tiempo surgió una discusión entre los discípulos sobre quién era el más grande. Jesús, sabiendo lo que pensaban, acercó un niño, lo colocó junto a sí y les dijo: Quien recibe a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y quien me recibe a mí recibe al que me envió. El más pequeño de todos ustedes, ése es el mayor. Juan le dijo: Maestro, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no sigue con nosotros. Jesús respondió: No se lo impidan. Quien no está contra ustedes está con ustedes.


Comentario
El imaginario religioso de nuestra época está permeado por una lógica que presenta a un dios no bondadoso, como una forma de justificación de las acciones humanas atravesadas por la maldad y sus consecuencias denigrantes para la dignidad y coexistencia. Frente a este instinto que funciona en todos los estamentos de la vida, el Evangelio propone «acoger, cuidar y hacernos como niños», como una forma de "poder oblativo" que no se aprovecha de la vulnerabilidad, dependencia e inocencia humanas de quienes están desprotegidos y anhelan cuidado esencial. El auténtico poder de la comunidad e iglesias cristianas es aquel que nace en Dios, como inversión de su voluntad, desde el amor que se irradia como condición de posibilidad de la fraterna sinodalidad universal. El desafío del Evangelio está en reconocer que los bienes mesiánicos y el querer de Dios, tienen lugar en la construcción de relaciones confiables y sostenibles, abarcando a todos los pueblos y culturas, brindándoles la posibilidad de humanizar. ¿Cómo impiden nuestras estructuras y mentalidades el acontecer del Evangelio?
Visto 58 veces

Please publish modules in offcanvas position.