La identidad de Jesús se concretiza en el modo como actuó y vivió y no en la publicidad de su ministerio público, motivación que despierta en Herodes el deseo de verlo: curiosidad, sensacionalismo y temor.
23
SEPTIEMBRE
Jueves
25ª Semana Ordinario
Pío de Pietrelcina (1968)


Ag 1,1-8: Construyan el Templo
El año segundo del reinado de Darío, el día primero del sexto mes, el Señor dirigió la palabra, por medio del profeta Ageo, a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judea, y a Josué, hijo de Yosadac, sumo sacerdote: Primer oráculo. Así dice el Señor Todopoderoso: Este pueblo anda diciendo que todavía no ha llegado el momento de reconstruir el templo. Y el Señor dirigió la palabra, por medio del profeta Ageo: ¿De modo que es tiempo de vivir en casas lujosas, mientras el templo está en ruinas? Pues ahora, así dice el Señor Todopoderoso: Fíjense en su situación: Siembran mucho, pero cosechan poco; comen, pero se quedan con hambre; beben, pero siguen sedientos; se abrigan, pero tienen frio; y el asalariado guarda su paga en saco roto. Así dice el Señor Todopoderoso: Fíjense en su situación suban al monte, traigan maderos, construyan el templo; yo lo aceptaré y mostraré en él mi gloria, dice el Señor.


Salmo 149: El Señor ama a su pueblo


Lc 9,7-9: Herodes deseaba ver a Jesús
En aquel tiempo Herodes se enteró de todo lo sucedido y estaba desconcertado; porque unos decían que era Juan resucitado de entre los muertos, otros que era Elías aparecido, otros que había surgido un profeta de los antiguos. Herodes comentaba: A Juan yo lo hice decapitar. ¿Quién será éste de quien oigo tales cosas? Y deseaba verlo.


Comentario
La identidad de Jesús se concretiza en el modo como actuó y vivió y no en la publicidad de su ministerio público, motivación que despierta en Herodes el deseo de verlo: curiosidad, sensacionalismo y temor. La densidad de la vida y misión de Jesús acontecen de manera relacional: vienen de Dios y en favor del otro, del prójimo. El Maestro de Nazaret no aparece como alguien de sí para sí, sino de Dios para su pueblo. El modo como Jesús vive y establece relaciones exhiben su praxis sanadora y humanizadora desde otra lógica del poder que no se caracteriza por ser símbolo de fuerza e imposición, sino de reconciliación y rehabilitación de lo humano. El acontecimiento «Jesús», tiene que seguir representando la realidad y desafiando a la nueva humanidad que se ofrece como paradigma, atrayendo a los excluidos y olvidados por la sociedad, a la vez que provocará el rechazo de los que representan al poder en sus palpables formas. ¿Sentimos el mismo temor de Herodes? Dejemos que el Evangelio cuestione "nuestro poder".
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