La misión de la Iglesia es contribuir mediante la conversión sinodal a la «ecohumanización de la vida y todas sus formas», es decir, el proceso de humanización de las personas y el cuidado de la casa común.
22
SEPTIEMBRE
Miércoles
25ª Semana Ordinario
Mauricio y comps. (302)


Esd 9,5-9: Dios no nos abandonó
Yo, Esdras, al llegar ese instante acabé mi penitencia, y con el vestido y el manto rasgados, me arrodillé y alcé las manos al Señor, mi Dios, diciendo: Dios mío, de pura vergüenza no me atrevo a levantar el rostro hacia ti, porque nuestros delitos sobrepasan nuestra cabeza y nuestra culpa llega al cielo. Desde los tiempos de nuestros padres hasta hoy nos hemos hecho muy culpables, y por nuestros delitos, nosotros con nuestros reyes y sacerdotes hemos sido entregados a reyes extranjeros, a la espada, al destierro, al saqueo y a la ignominia, como nos sucede en el día de hoy. Pero ahora el Señor, nuestro Dios, nos ha concedido un momento de gracia, dejándonos un resto y de darnos un refugio en su lugar santo, dando luz a nuestros ojos y concediéndonos respiro en nuestra esclavitud. Porque éramos esclavos, pero nuestro Dios no nos abandonó en nuestra esclavitud; él nos obtuvo el favor de los reyes de Persia, nos dio respiro para levantar el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas y nos dio una muralla en Judá y Jerusalén.


Interleccional Tob 13: Bendito sea Dios, que vive eternamente


Lc 9,1-6: Los envió a proclamar el Reino
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. Y los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar [enfermos] Les dijo: No lleven nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni dos túnicas. En la casa en que entren permanezcan hasta que se vayan. Si no los reciben, al salir de la ciudad sacudan el polvo de los pies como prueba contra ellos. Cuando salieron, recorrieron los pueblos anunciando la Buena Noticia y sanando enfermos por todas partes.


Comentario
La misión de la Iglesia es contribuir mediante la conversión sinodal a la «ecohumanización de la vida y todas sus formas», es decir, el proceso de humanización de las personas y el cuidado de la casa común. Lo que humaniza no es simplemente el reconocimiento de la realidad sino el respeto de los espacios y la capacidad de hacer concreta la coexistencia armoniosa y pacífica entre los grupos humanos que habitan en un territorio y sociedad. De esta convivencia y diálogo nace una relación trascendente de humanización entre los sujetos, pueblos y culturas. Así como los discípulos recorrieron pueblos enteros anunciando la Buena Noticia, la Iglesia tiene que dar paso a nuevas formas de ser y de vivir activando procesos y dinámicas en las que respetemos la diversidad, promovamos la hospitalidad universal y concretemos la paz territorial y global. Como forma de anuncio de la Buena Nueva hagamos nuestro el clamor de la mártir hondureña, Bertha Cáceres: "Humanidad, despierta, ¡ya no hay tiempo!" Es urgente cambiar de rumbo.
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