En esta coyuntura histórica, como discípulos de Jesús, somos convocados sinodalmente a vivir-nos con transparencia evangélica.
20
SEPTIEMBRE
Lunes
25ª Semana Ordinario
Gaetano Catanoso (1963)
Kim Taegon, Pablo Chong y comp. (1846)


Esd 1,1-6: Hay que reedificar el Templo
El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para cumplir lo que había anunciado por boca de Jeremías, movió a Ciro de Persia a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino: Ciro, rey de Persia, decreta: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Los que pertenezcan a ese pueblo, que su Dios los acompañe y suban a Jerusalén de Judá para reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que habita en Jerusalén. Y a todos los supervivientes, dondequiera que residan, la gente del lugar les proporcionará plata, oro, hacienda y ganado, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Dios de Jerusalén. Entonces, todos los que se sintieron movidos por Dios, jefes de familia de Judá y Benjamín, sacerdotes y levitas, se pusieron en marcha y subieron a reedificar el templo de Jerusalén. Sus vecinos les proporcionaron de todo: plata, oro, hacienda, ganado y otros muchos regalos, además de las ofrendas voluntarias.


Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros


Lc 8,16-18: Una lámpara se enciende para dar luz
En aquel tiempo dijo Jesús a la muchedumbre: Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la coloca en el candelero para que los que entran vean la luz. No hay nada encubierto que no se descubra algún día, ni nada escondido que no se divulgue y se manifieste. Presten atención y oigan bien: porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que parece tener.


Comentario
En esta coyuntura histórica, como discípulos de Jesús, somos convocados sinodalmente a vivir-nos con transparencia evangélica. Este modo de vida trae como consecuencia asumir, con lucidez y atención, la existencia humana según el querer humanizador de Dios. Es un vivir encarnado, incomprensible para la cultura de la imagen, de la banalidad y del pasatiempo en la que nos encontramos inmersos. Vivir-nos evangélicamente es hacerlo desde la atención, constituyéndonos un bloque sensorial, psíquico y espiritual, presente y consciente, ante toda la dinámica existencial de la propia vida, ante la expresividad del mundo, ante la sinfonía de detalles cotidianos en los que esa expresividad se concreta, como lo dice Armando Rojas. Ello implica, ante toda ideología, absolutización de la palabra y orden establecido de violencia, un vivir-nos evangélicamente lúcido donde la gratuidad y la libertad vienen como encarnación solidaria y autopedagógica en los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres, excluidos y cuantos sufren. ¿Obramos a consecuencia según el Evangelio?
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