La cruz y muerte de Jesús no fue algo improvisado sino consecuencia de una convicción profunda: la lucha por la justicia.
14
SEPTIEMBRE
Martes
24ª Semana Ordinario
Exaltación de la S. Cruz


Núm 21,4-9: Los mordidos de serpiente sanarán
En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés... El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes... Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.


Salmo 77: No olviden las acciones del Señor


Flp 2,6-11: Dios lo exaltó sobre todo
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y mostrándose en figura humana se humilló, se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte en cruz. Por eso Dios lo exaltó y le concedió un nombre superior a todo nombre, para que, ante el nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en el cielo, la tierra y el abismo; y toda lengua confiese: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.


Jn 3,13-17: El Hijo del hombre será elevado
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo: el Hijo del Hombre. Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre, para que quien crea en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.


Comentario
La cruz y muerte de Jesús no fue algo improvisado sino consecuencia de una convicción profunda: la lucha por la justicia. En el contexto de la liturgia de hoy, la cruz no debe destacarse solo como un signo de piedad nada más sino como un signo del compromiso total del amor que Dios tiene para con la humanidad y por lo mismo, impulsarnos a tomar el riesgo de asumir la causa de Jesús. De esta manera, la cruz ya no es solamente el madero y símbolo de la muerte, ni tampoco el signo de la derrota y del sufrimiento. No, en Jesús la cruz es señal de la fidelidad a Dios y a la humanidad; es la insurrección de la vida ante la muerte. Es la clara expresión de una firme convicción: que el mal no tiene la última palabra. Podemos preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a cargar "la cruz", solidarizarnos con los crucificados de esta historia, luchar por la justicia y asumir las consecuencias de esta convicción? ¿Contemplamos la cruz de Jesús sin hacer absolutamente nada?
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