«El reino de Dios ha llegado a ustedes», Que hermoso es el hecho de que la gente, con nuestra presencia, testimonio y amor, sienta que el reino de Dios es posible.

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ENERO
Martes
3ª Semana Ordinario
Timoteo y Tito (s. I)


2Tm 1,1-8: Refrescando la memoria de tu fe sincera

Pablo, apóstol de Cristo Jesús, por voluntad de Dios, según la promesa de vida cumplida en Cristo Jesús, al querido hijo Timoteo: Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús Señor nuestro. Doy gracias al Dios de mis antepasados, a quien sirvo con conciencia limpia, siempre que te menciono en mis oraciones, noche y día. Me acuerdo siempre de las lágrimas que derramaste, y quisiera verte para llenarme de alegría. Recuerdo tu fe sincera, la que tuvo primero tu abuela Loide, después tu madre Eunice y ahora estoy seguro de que también la tienes tú. Por eso te recuerdo que avives el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, amor y templanza. No te avergüences de dar testimonio de Dios, ni de mí, su prisionero; al contrario, con la fuerza que Dios te da comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por la Buena Noticia.


Sal 96: Cuenten las maravillas del Señor a todas las naciones


Lc 10,1-9: La cosecha es mucha; los trabajadores, pocos

Designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir. Les decía: «La cosecha es mucha, los trabajadores, pocos; rueguen al dueño de los campos que envíe obreros a su cosecha. Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos. No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie. Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa. Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes. Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya porque el obrero tiene derecho a su jornal. No vayan de casa en casa. Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: "El reino de Dios ha llegado a ustedes"».


Comentarios

«El reino de Dios ha llegado a ustedes», Que hermoso es el hecho de que la gente, con nuestra presencia, testimonio y amor, sienta que el reino de Dios es posible. Si bien es cierto que la cosecha es mucha y pocas las personas dispuestas, que esas pocas se dispongan a dar testimonio de la experiencia sanadora suscitada en el encuentro con Dios en comunión con la vida en todas sus formas, también sanando, consolando y comunicando la paz que abra a la esperanza. El discipulado no resulta fácil; requiere de convicción y entrega; hay quienes lo intentan y se quedan el camino. Sólo la comunión con el dueño de la mies logra lo imposible e impensable. Ánimo; hagamos nuestras las hermosas palabras que el Apóstol refiere a Timoteo: «el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, amor y templanza». Si caminamos con esta convicción nada podrá desanimarnos porque Dios estará para fortalecernos y consolarnos. ¡Síguelo, sé agua fresca para quien tiene sed!

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