martes, 16 de agosto de 2022

20ª SEMANA ORDINARIO
San Esteban de Hungría

LECTURAS DE HOY

  • 1ª Lectura: Ez 28,1-10
  • Salmo: Deut 32
  • Evangelio: Mt 19,23-30

  • Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos

    En serio amigos, ¿cuántos ricos conoces? ¿Para quiénes está dirigido este Evangelio si Latinoamérica está plagada de pobres...


    La Historia de Salvación es un camino hacia la reconciliación y la vida para «quitarnos el oprobio y la vergüenza y quedar radiantes», como reza el salmo.

    27

    MARZO
    Domingo
    4º de Cuaresma
    Juan de Egipto (394)


    Josué 5,9a.10-12: El pueblo de Dios celebra la Pascua

    El Señor dijo a Josué: «Hoy les he quitado de encima la vergüenza de Egipto». Los israelitas estuvieron acampados en Guilgal y celebraron la Pascua el catorce del mismo mes, por la tarde en la llanura de Jericó. A partir del día siguiente a la Pascua comieron de los productos del país; el día de Pascua comieron panes sin levadura y grano tostado. A partir del día siguiente que comieron de los productos del país, faltó el maná. Los israelitas no volvieron a tener maná; aquel año comieron los frutos del país de Canaán.


    Salmo 34: Gusten y vean qué bueno es el Señor


    2 Corintios 5,17-21: Dios nos reconcilió con él

    Si uno es cristiano, es una criatura nueva. Lo antiguo pasó, ha llegado lo nuevo. Y todo es obra de Dios, que nos reconcilió con él por medio de Cristo y nos encomendó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios estaba, por medio de Cristo, reconciliando el mundo consigo, sin tener en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos el mensaje de la reconciliación. Somos embajadores de Cristo y es como si Dios hablase por nosotros. Por Cristo les suplicamos: «Déjense reconciliar con Dios». A aquel que no conoció el pecado, Dios lo trató por nosotros como un pecador, para que nosotros, por su medio, fuéramos inocentes ante Dios.


    Lucas 15,1-3.11-32: Tu hermano estaba muerto y ha revivido

    En aquel tiempo, Jesús les contestó con la siguiente parábola: «Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo al padre: "Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde". Él les repartió los bienes. A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada. Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitando pensó: «A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: "...Trátame como a uno de tus jornaleros". Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y lo besó. El hijo le dijo: "Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo". Pero el padre dijo a sus sirvientes: "Enseguida, traigan el mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Celebremos un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado". Y empezaron la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas y llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba... Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. Pero él le respondió: "Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero engordado." Le contestó: "Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado"».


    Comentarios

    La Historia de Salvación es un camino hacia la reconciliación y la vida para «quitarnos el oprobio y la vergüenza y quedar radiantes», como reza el salmo. Para proclamar las grandezas del Señor que escucha a los pobres, nos salva y nos permite vivir la alegría plena. Por eso el pueblo celebra la fiesta de la Pascua como ritual de alegría total en dos elementos: entrar ya en la tierra prometida y comer los frutos del país -ya no el maná- gozando de la tierra bendita y la libertad. Una fiesta de fraternidad-sororidad universal permite olvidar la historia de pecado y esclavitud: panes sin levadura y granos tostados compartidos en libertad. La reconciliación nos quita la vergüenza y nos lleva unos pasos más adelante: alimentos dignos, no mercantilizados y en comunidad. Este es el camino de nuestra conversión cuaresmal: recrear espacios de mesas solidarias compartiendo aquello que nutre nuestra dignidad, libertad y paz, sin más historias de vergüenza y pecado. El ministerio de la reconciliación (II Corintios) es obra redentora realizada por el Padre que pone a Jesús como abogado defensor; en su ofrecimiento voluntario no sólo nos exime de la culpa, sino que nos libera del poder opresor. El mundo de hoy nos obliga a vivir compitiendo, discriminándonos unos a otros; imposible solidarizarnos en un mundo así. Pero, con su muerte a manos de poderes injustos, proclama que es posible si seguimos en camino del perdón y la no violencia activa. Allí se ubica la misión de la Iglesia: propiciar reconciliación y solidaridad, hasta sentir el dolor y el hambre de las otras personas.

    En el evangelio, un padre feliz ofrece su amor sin condiciones ni moralismos. Abraza, besa y hace fiesta, entregando su corazón sin límites. Al hijo menor, despojado y humillado por su mala cabeza, no le resulta fácil acceder a la casa del padre por temor a ser rechazado. La vuelta a la casa le devuelve la dignidad y la libertad perdidas. Fiesta de dignificación que le permitirá caminar con corazón agradecido, sincero y humilde. Al hijo mayor le cuesta abrir espacio a la reconciliación gratuita y al perdón; a él nos parecemos cuando actuamos llenos de moralismos y juicios. Hoy más que nunca las personas buscamos espacios vitales abiertos que nos acepten y reconozcan: ¡Qué hermoso es encontrarlo en la familia y en la comunidad! Y qué mejor si ese espacio nos humaniza! ¿Cómo propiciar hoy fraternidad y sororidad en este mundo egoísta? ¿Cómo ser signos de reconciliación y esperanza entre tanta división y competencia desleal?

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